En la memoria de la piel

Tras cinco años de silencio, Rosana vuelve a acaparar protagonismo con la publicación el 4 de noviembre de un nuevo álbum de estudio titulado ‘En la memoria de la piel’, un disco en el que derrocha energía, capacidad de comunicación, seducción y sensibilidad. El encanto de sus nuevas composiciones, sus melodías y cambios de ritmos, y su magnífico tratamiento son un cóctel tentador ante el cual es imposible resistirse. Es evidente que la mejor de las Rosana imaginables ha vuelto para conquistarnos.

 

‘En la memoria de la piel’ no sólo es el título del nuevo álbum sino una frase que se repite en dos canciones del disco, como queriendo subrayar su significado y transmitirlo como idea central del disco. ‘En la memoria de la piel’ es una de esas frases misteriosas que Rosana sabe fabricar como nadie. Es como cuando dice ‘en el corazón del alma’. Y uno se pregunta qué significará sin parar de imaginar, tratando de buscar sentido a unas palabras que parecen soldadas unas con otras. “Yo soy una enamorada de los pequeños momentos y de las cosas más imperceptibles, más intangibles, y que son las que al final importan. Me parece que la piel tiene una memoria en paralelo, la piel va reservándonos cosas, va guardándonos sensaciones a las que volvemos quizá a través de una canción. Por ejemplo, cuando escuchas una melodía que te pone los pelos de punta. Eso me hace creer que la piel tiene su propia memoria, alma y vida propia”, asegura Rosana para tratar de explicar el por qué del título del álbum.

 

‘En la memoria de la piel’ recurre a una idea y un sentimiento asociados a toda una vida, aliados a las pequeñas cosas que nos rodean y también a una filosofía de vida. Es creer que la piel va más allá de algo que nos envuelve, que sólo sientes cuando nos tocan o nos acarician. Al menos eso supone la autora canaria que añade: “Yo casi nunca sé de que trata lo que estoy componiendo hasta que lo he terminado. No soy persona de pensar lo que voy a hacer como si fuera un ejercicio de cálculo. Yo hago y después intento darle sentido como para responsabilizarme”.

 

Las once canciones del álbum pertenecen todas a una misma época, como ya es habitual en la obra de Rosana. Las canciones empezaron a nacer y tomar forma tras un paréntesis después de la última gira internacional de Rosana, en junio de 2015, al regresar de Estados Unidos. En julio empezó a componer las primeras canciones, las que importaban y emocionaban, y alrededor de enero de 2016 dio por terminada la fase creativa para dedicarse entonces a preparar la producción del disco. Rosana confiesa que la cosecha fue abundante. “En cada disco me gusta mostrar en qué punto estoy porque me gusta darle a la gente algo verdadero y mostrar cómo me encuentro como persona. Por eso compongo las canciones de cada disco expresamente para ese disco y no las retomo nunca para otro trabajo”.

 

Antes de entrar en el estudio se dio cuenta de que había parido unas 50 canciones. Entonces empezó el trabajo de seleccionar. “Es una etapa que siempre hago de la misma manera. Reúno a la familia y a los amigos para cantárselas e intentar quedarme solamente con la mitad. Cuando ya sólo me quedaban 20, me reuní con la otra familia, la del entorno profesional para llegar a una preselección de unas 15. Al final fui yo la que las dejó en 11.

 

A muchos les parecerá terrible descartar casi 40 composiciones nuevas pero Rosana no es de esa opinión: “No es doloroso descartar tantas canciones. La hora de componer me parece más dolorosa. Percibo más dolor cuando empiezo a componer y nada sale. Cuando empiezo a decirme un poco desesperada que no tengo nada más que decir. Pero siento cierto alivio cuando empieza a salir algo, cuando, como si la canción me hablara, siento un golpecito que me empuja a seguir por un camino. Empiezo a ver luz, como si una melodía o una frase me invitara a seguir una línea. Entonces constatas que algo ha salido”.

 

La llegada de la primavera coincidió con los primeros pasos en el estudio de grabación, trabajo que concluyó prácticamente con el final del verano. ‘En la memoria de la piel’ se grabó en el estudio que Rosana tiene en su casa o, como ella misma afirma, “en mi casa convertida en un estudio de grabación durante unos meses. Las canciones se fueron grabando en diferentes espacios, en sitios muy de Rosana, pero que eran los adecuados para tal o cual instrumento. “Me lo pasé genial, experimentando, buscando ‘qué y en qué lugar’ para grabar esto y aquello’. Fueron meses de mucha creatividad, diversión y magia”. Esa atmósfera creada por Rosana y su equipo tuvieron una clara influencia en el resultado final de ‘En la memoria de la piel’. “Creo que grabar en esas condiciones convirtió mi casa en el estudio ideal, para nosotros el mejor estudio del mundo. No existe estudio más caro que nos salga más barato”.

 

Todos y cada uno de los músicos y técnicos que participaron en el disco pusieron su granito de arena en la parte creativa. Rosana contó con la colaboración de Bori Alarcón como (Ingeniero de grabación y mezclas), Luis Carlos Esteban (programaciones), Iñaki García (pianos, hammond y teclados), Paco Salazar y David Pedragosa (guitarras), Javier Quilez (bajos), Coqui Giménez (batería) y Cris Méndez (coros).

 

‘En la memoria de la piel’ es Rosana aquí y ahora, Rosana en versión 2016. “Cada disco tiene su identidad pero siento que ‘En la memoria de la piel’ soy yo exactamente como me imaginaba antes de grabar”. Tras 20 años de experiencia y éxitos, y miles de conciertos y millones de discos vendidos, ‘En la memoria de la piel’ es simplemente Rosana hoy, incomparable, inconfundible, sugerente, arrolladora y auténtica.

 

Con El cielo que me das, Rosana se postula a ser una de sus grandes protagonistas de la temporada que acaba de empezar. Es Rosana, como siempre, de una pieza.

 

+ info en www.rosana.net

 


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